La Neurociencia aplicada al Trabajo Social.

Los y las trabajadores/as sociales atendemos en nuestro día a día diferentes casos con múltiples problemáticas que tratamos desde diferentes teorías del comportamiento humano que requieren de conocimientos de otras disciplinas. No olvidemos que nuestra profesión, en concreto, está arraigada a equipos multidisciplinares donde se interviene, junto a otros profesionales, para tratar múltiples y complejas relaciones entre las personas y sus ambientes.

Ahora bien, ¿te habías planteado como puede beneficiar la Neurociencia a la práctica del Trabajo Social? ARBOL-CEREBRO-ilustracion-ELC-25112012-640x280 Es un hecho que, las veces que hemos oído el concepto de: “neurociencia”, de forma casi automática lo hemos asociado a disciplinas como la medicina, la psiquiatría, la psicología…

Los recientes avances en la neurociencia; la neurociencia cognitiva, la psicología cognitiva, la educación… han proporcionado un nuevo paradigma emocionante de explorar los temas que son fundamentales para el trabajo social, como: la superación, la adaptación, la salud mental, desarrollo del niño y adulto, el apego, el aprendizaje, emoción, y relaciones.

De hecho, algunos estudios han intentado indagar en el Trabajo Social y la Neurociencia como un complemento más para nuestra práctica profesional, y es así como lo hizo la autora Rosemary Farmer, en su libro: “Neurociencia y Práctica del Trabajo Social: El Eslabón Perdido”( Tírulo original: Neuroscience and Social Work Practice: The Missing Link) en el que describe el por qué y cómo la neurociencia es ese eslabón que falta para aquellos profesionales que nos enfrentamos a la creciente complejidad de los problemas y diagnósticos humanos y sociales, sobre todo en el Trabajo Social clínico.

La neurociencia es, a grandes rasgos, una disciplina que incluye muchas ciencias que se ocupan de estudiar el sistema nervioso del ser humano. Sin embargo, a pesar de haber cursado asignaturas de psicología en la carrera de Trabajo Social todavía parece que carecemos de suficiente información del cerebro humano, sobre cómo funciona y las consecuencias posteriores para la evaluación, el tratamiento y la prevención de las condiciones psicosociales de l@s usuarios/as.

Es evidente que no somos ni psiquiatras ni médicos pero trabajamos con personas y eso implica un necesario conocimiento de cómo funciona su estructura interna, sus pensamientos, sus acciones, sus esquemas, todo lo que podemos encontrar en el encéfalo humano.  Recordemos que, nuestro cerebro humano, evolucionó también en interacción con otros cerebros humanos.

Siguiendo esta línea, se podría hablar por tanto de, “neurociencia social”,

como una ciencia que aplica conocimientos de la neurociencia a los problemas sociales, los fenómenos de comportamiento y la condición humana en general con importantes consecuencias para el bienestar social y salud mental, como afirman Siegel y Solomon (2003).

Es cierto que el contexto más inmediato donde se abordan los procesos mentales es en el Trabajo Social que se desarrolla en el área de Salud Mental. Aún así, no debería quedar como enmarcado en un área en concreto sólo sino que, tendría que estar siempre presente en todas las áreas que trabajemos ya que el cerebro humano es el responsable de todos los pensamientos, sentimientos y comportamientos y por tanto, necesitamos conocer su funcionamiento para ayudar a que funcione de una manera óptima.

¿Qué casos requieren más conocimientos de la Neurociencia?

Un artículo de David Shemmings (profesor de Trabajo Social en la Escuela de Política Social, Sociología e Investigación Social de la Universidad de Kent, Reino Unido) explica cómo la neurociencia y la empatía se pueden convertir en una poderosa herramienta para el Trabajo Social que ayuda a rectificar el daño cerebral de los niños/as.

Este profesor afirma que, el desarrollo y mantenimiento de la empatía en las relaciones es importante por muchas razones que se están empezando a apreciar a través de los descubrimientos recientes en la neurobiología y la investigación basada en el “apego”.

Esta investigación indica, fuertemente, que el maltrato se asocia a menudo con los bajos niveles de “mentalización” (capacidad de interpretar el comportamiento propio o el de otros a través de la atribución de estados mentales) un concepto muy similar a la empatía.

He aquí un ejemplo de bajo nivel de mentalización:

Un padre está alimentando a su bebé en una cafetería-supermercado con alimentos sólidos calentado en el microondas que hay disponible. Él sopla, lame el fondo de la cuchara y  alimenta a su hijo, quien de inmediato se estremece y grita porque se ha quemado los labios y la lengua. El padre sigue dándole cucharadas de comida de la jarra caliente, y dice con irritación e incredulidad: “¡Mira! No está caliente: Me lo estoy comiendo “Él entonces fuerza más comida en la boca del bebé y lo quema de nuevo!.

¿Cómo entender ese comportamiento?

Los descubrimientos recientes de la neurobiología nos dicen que los padres que hacen tales cosas son propensos a mostrar subregistro importante actividad en dos áreas del cerebro: la amígdala y el hipocampo (medida por la baja actividad eléctrica y el flujo sanguíneo). Cada área es conocida por estar involucrada en la regulación de diferentes emociones, entre otras cosas, la mentalización y la empatía.

¿Qué importancia tiene esto para el trabajo social?

Este profesor afirma que las áreas del cerebro se pueden “recablear”, cuando los trabajadores/as sociales ofrecen precisamente el tipo de experiencia de perderse en los primeros años, estimulando la empatía y la comprensión mediante programas de intervención destinados a aumentar la empatía con sus hijos/as.

Algunos autores se han centrado específicamente en cómo este nuevo conocimiento puede ayudar a la práctica del trabajo social y a la educación. Aquí os dejo algunos:

  • Applegate y Shapiro 2005: ofrece una de las mejores introducciones a la forma en la neurobiología es relevante para los profesionales del trabajo social a través de un énfasis en el archivo adjunto. 
  •  Johnson 2004 explora las adicciones y la neurobiología, con énfasis en su relevancia para los trabajadores sociales y los no científicos. Joseph LeDoux es un neurocientífico de liderazgo en el estudio del miedo;

En definitiva, hay que abrirse a las posibilidades que existen. Estar dispuesto a viajar a un territorio desconocido como este y comprometerse más al desarrollo profesional y el aprendizaje permanente para nostr@s mism@s, los usuarios/as y también para nuestra profesión.

Fuente:

Siegel, D. J., & Solomon, M. (2003). Healing trauma: Attachment, mind, body and brain. New York: W.W. Norton & Co.

http://www.communitycare.co.uk/2011/10/27/empathy-and-neuroscience-powerful-tools-for-social-workers/#.U6gm-ZR_tQh

http://www.oxfordbibliographies.com/view/document/obo-9780195389678/obo-9780195389678-0133.xml#obo-9780195389678-0133-bibItem-0001

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4 pensamientos en “La Neurociencia aplicada al Trabajo Social.

  1. Pues sí que está bien saber estas cosas. De hecho en las asociaciones de Alzheimer hay trabajadores sociales, luego algo tienes que saber de todo esto.
    Saludos y buen trabajo de recopilación

  2. Me gusto el articulo y me servio para ampliar mi bibliografia.Pertenezco a un equipo docente que trabajamos en cursos a distancia de forma virtual en Promocion para la Salud y pensamos que este tema:las neurociencias, es un eslabon perdido para trabajar en las conductas de las personas,y pudiendo asi acceder al cuidado de su salud.

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