Mary Richmond, la gran reformista.

¿Quién no ha escuchado hasta el cansancio, durante la carrera de Trabajo Social, el nombre de Mary Richmond conocida como la madre del Trabajo Social de Casos?

Mary Richmond,  a pesar de no ser la primera trabajadora social (puesto que años antes existían mujeres que empezaron como visitadoras/agentes sociales),fue la inventora conceptual tanto teórica como sistemática del Trabajo Social,la que formalizó sus técnicas y contenidos, la que montó todo el tinglado empezando como administrativa en la Sociedad para la Organización de la Caridad, dedicada a la filantropía y todo eso antes de que las mujeres americanas tuviesen derecho a voto…

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Nacida en Illinois (USA). Fue feminista sufragista, defendió en sus libros la democracia y la participación igualitaria enfrentando al autoritarismo y el patriarcalismo; luchó por que se prohibiera el trabajo infantil. Darwinista en su pensamiento, pues para ella el trabajo social iba encaminado a conseguir la adaptación de l@s clientes a un mundo y una sociedad que iría reformando progresivamente.

Autora de varias obras, entre ellas, El Trabajo Social de Casos Individuales, querido y criticado, a la vez, por much@s profesionales por considerarlo pretencioso a la hora de perseguir únicamente la adaptación de las personas al sistema social.

El Trabajo Social de Casos se desarrolla bajo esta concepción, de que la sociedad está correctamente estructurada, y únicamente necesita de ciertos ajustes y reformas. Me da a entender, de que los individuos que se alejan de los valores consensuados socialmente se podrían incluir dentro del grupo de personas disfuncionales, inadaptados y entonces se plantea la capacidad del Trabajo Social de Casos para prevenir disfuncionalidades y ajustar o integrar al individuo en su medio.

A mi parecer, el entorno se tiene también que adaptar al individuo y no únicamente al revés, siendo para ello necesaria una transformación social a través de la movilización y participación de las personas para conseguir un entorno más favorecedor y entonces más apropiado para la adaptación.

Me pareció curioso que Richmond no destacara a Freud en sus obras cuando, de una manera u otra, sigue un pensamiento en la misma línea freudiana (individualista) cuando a pesar de tener en cuenta el entorno dice que es fundamental adaptar el individuo al entorno. También otra parte importante que destaca  Richmond para nuestro trabajo es la relación frente a frente con el cliente a través de la palabra y la conversación, elementos también del psicoanálisis, donde se genera una relación de confianza que a veces puede ocasionar transferencia.

A pesar de que no hablara de ningún modelo teórico para el Trabajo Social ya hacía menciones sobre lo que hoy conocemos como: “modelo sistémico”. Para ella era fundamental estudiar todas las áreas que afectaban a la vida de la persona y sobre todo sus relaciones personales y por consiguiente, había que tomarse un tiempo en el estudio y elaboración del diagnóstico dejando al margen el papel de trabajador@s sociales como simples expendedor@s de recursos y gestiones, es decir, conocer más al individuo y/o familia para abordar mejor su situación.

Con respecto al diagnóstico social, puntualizaba que, además de ser redactado y escrito en papel, siempre se puede añadir nueva información, no necesariamente tiene que ser cerrado y siempre elaborarlo en la acción que pueda beneficiar al/la cliente. También recomienda, que para realizar un buen diagnóstico se vea al patriarca, al padre o al marido ya que suelen acudir a los centros de servicios sociales, mayoritariamente el género femenino. Ella citaba textualmente <hay que oír al hombre y a la mujer por separado>; respecto a esto, no lo veo del todo claro, salvo para situaciones límite como por ejemplo que haya una violencia de género, un divorcio…pero considero que se pueden citar tanto al hombre como a la mujer en una misma entrevista.

Repudiaba la burocratización y por eso recomendaba un trabajo de cara a cara, es decir, de forma directa, evitando cartas, correo o impresos de rellenar (siempre que fuera posible)

En hilo con lo anterior, es cierto que vivimos con prisas y la gente quiere soluciones rápidas para sus problemas como: un subsidio, ayuda económica y a veces, l@s trabajador@s sociales contribuimos a que también sea así porque de esa forma nos quitamos de manera más rápida el problema de encima pasando a otro cliente y reduciendo así nuestro trabajo.  Por ello. es hora de recapacitar y de tomar conciencia de que no somos simples expendedores de recursos y que no tenemos que victimizar a los usuarios y que para ello tenemos que hacer partícipe al usuario del proceso de solución de su problema.

Para finalizar esta entrada, cito aquí un trozo de texto de su obra Social Diagnosis (pag.376), sobre lo que ella entendía por la buena trabajadora social:

La trabajadora social necesita para su tarea cotidiana dos tipos de referencias: debe tener una visitón amplia y generosa, y otra repleta de detalles concretos, acerca de las variadas posibilidades del servicio social; además su visión debe estar en constante crecimiento.

FUENTE: Richmond, M. (1996). El caso social individual. El diagnóstico social. Ed. Talasa. Madrid.

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6 pensamientos en “Mary Richmond, la gran reformista.

  1. Muy acertada la reflexión sobre la obra de Richmond y la indicación de que no debemos ser meros expendedores de recursos; no obstante mucho del total de este problema tiene que ver con la burocratización de los servicios sociales y la saturación de los mismos. Este es un problema del que se quejan muchos profesionales y al que debemos hacer frente entre todos defendiendo un Trabajo Social en el que la relación usuario-profesional sea el principal recurso…

    Saludos.

  2. El punto de partida del primigenio Trabajo Social de Casos fue la visión normativo- institucional que ve a los sujetos “moralmente débiles” y pasivos para conducir sus vidas. Esa metodología, si bien ha cambiado con el tiempo, aún tiene adeptos en determinadas instituciones que brindan servicios sociales, asumiendo los programas sociales con un carácter pragmático para desarrollar sus acciones.

  3. Pingback: ADIOS AL CUADERNO DE CAMPO. HABEMUS TABLET | Pasión por el trabajo social

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