Érase una vez…Una Trabajadora Social (II)

Las personas que elegimos profesiones dedicadas al bienestar de las personas como trabajadores/as sociales, educadores/as, integradores/as , psicólogos/as, enfermeros/as…En definitiva, profesiones con mucha vocación y con grandes valores personales, nos llevan casi siempre a traspasar el ámbito laboral para trasladarlo a nuestro entorno personal, llevando ese rol que nos imponemos de profesional en: mi familia, mis amigos, mi pareja, mi barrio… todo el día.

¿Alguna vez te has sentido así? ¿No has podido separar tu trabajo de tu vida personal?

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Recuerdo uno de los casos que atendí cuando trabajada de trabajadora social el cual que me llevó dos noches sin dormir muy bien. Este era el caso de dos chicos jóvenes que un día acudieron donde trabajaba para pedir un alojamiento. Se les veía muy asustados y desesperados como huyendo de algo… No tenían dinero, ni trabajo, ni familia a la que acudir, solo me informaron de que habían cumplido el número de noches permitidas en un albergue y que se tenían que buscar esa mañana otro sitio para pasar noche.

Eran fechas difíciles también para coordinarse con otros profesionales por las vacaciones de navidad pero pudimos pagarle un billete de autobús para que pasaran noche en otro albergue, al menos, y… ¿después? Esta era la gran preguntar que me rondó varios días por la cabeza, le daba vueltas y vueltas en mi casa, sin poder desconectar.No volvimos a saber de ellos puesto que no tenían ningún medio de contacto y los últimos días que estuve trabajando no pude localizar a la gente del albergue.

Supongo que al principio de todo trabajo se viven las cosas de manera muy intensa, te implicas demasiado en todo y no te importa hacer “horas de más” aunque ya estés en casa. Al menos yo me sentí así con este caso y otros que traté en mi trabajo.

Más allá de una oficina…

Cuento desde mi experiencia personal, que una de las cosas que me lleva pasando desde hace mucho tiempo y que por fin me he dado cuenta hace poco es que traslado mi profesión a toda mi vida personal y eso debe fijarse con límites.

Hace unas semanas, un colega que estudió psicología y que además ejerce de ello me dijo que todos los problemas que tenía ahora mismo no me pertenecían a mí sino a la gente de mi alrededor, solo que yo los consideraba mis problemas y eso me tenía muy agobiada y angustiada… El querer solucionar y gestionar los recursos para atender a las necesidades de los que me rodeaban y que nada tenía que ver con “trabajo” era más bien un “rol de trabajadora social” que me había auto-impuesto yo sola.

Comencé a ser consciente de lo que me dijo, y notaba que me costaba mucho escuchar a alguno de mis amigos contarme sus problemas sin pensar en movilizar todos los recursos posibles para ponerle solución. Algunos de esos problemas eran posibles casos de servicios sociales y casi que me conocía la perfección el protocolo pero sin embargo, no había una demanda real para que yo actuara. Simplemente me limitaba a escuchar, no a solucionar, y esto es algo realmente difícil de llevar.

Tras varios intentos de ayudar a gente cercana sin que me lo pidieran o sugirieran y tras muchas frustraciones de no ver una mejoría en las personas que no querían solventar su situación pero que yo me empeñaba en que sí lo hicieran, y tras entender que a pesar de que mi profesión yo también necesito a veces de otros profesionales sociales, he decidido hacer un reciclaje de propósitos:

Mi profesión es el trabajo social pero en mi vida personal soy una persona corriente con sus problemas sociales y que también puede ser ayudada en algún momento. Yo también me caigo, me levanto y tengo circunstancias complicadas como todo el mundo.

Eso no quiere decir que las sepa gestionar mejor porque me conozca los recursos sociales o tenga las habilidades de una trabajadora social.

Tengo herramientas para gestionar de manera más proactiva  algunas situaciones, pero no hago magia.

Me gusta mi profesión pero eso no quiere decir que sea “trabajadora social las 24h” gestionando los problemas de los demás, una cosa es el trabajo y otra mi vida personal, aunque eso no tiene que ocasionar que me desligue totalmente de mi vocación cuando no esté trabajando.

A simple vista parece una tontería, pero siento más relajada mi cabeza.

¿Tenéis o habéis tenido alguna experiencia similar?

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