La intervención social en procesos de “Duelo”

A menudo, vivir, se convierte en un reto, y la psicología cotidiana nos dice que: “todo tiene solución en esta vida menos la muerte”, con lo cual pasamos el resto de la vida intentando resolver nuestros problemas de la mejor forma posible excepto cuando perdemos a un ser querido… A partir de esto último hay algo que nos bloquea a seguir como antes, sintiéndonos abatidos y vacíos, algo conocido como: “Duelo”.

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Recientemente, hace poco más de un mes, he sufrido el fallecimiento de un ser querido y han sido dos meses muy duros en el que me he visto obligada a desconectar más del Blog.

Aunque tenía conocimientos sobre el “duelo” nunca lo llegas a conocer del todo hasta que uno mismo lo experimenta y puede expresarlo con pelos y señales.

Como trabajadores y trabajadoras sociales, una parte sustancial de nuestra actividad profesional se encuentra focalizada, directa o indirectamente, sobre aquellas pérdidas que soportan los usuarios y usuarias y cuya naturaleza es múltiple y divergente.

Así pues, podemos distinguir entre:

las pérdidas de salud (que implican el diagnóstico de enfermedades, discapacidades o deficiencias…) ,

las pérdidas de poder adquisitivo (que se desencadenan como consecuencia de la exclusión del mercado laboral)

las pérdidas de libertad (derivadas de procesos de institucionalización…)

las pérdidas familiares (generadas a partir de fallecimientos, proyectos migratorios…) y una multitud de otras pérdidas, a las que individuos y familias se enfrentan arduamente y sobre las que, como profesionales de la intervención social, hemos de actuar.

Tal y como han sostenido diversos teóricos, el duelo constituye un proceso adaptativo, esperable y usual ante una pérdida significativa, en el cual confluyen factores individuales y relacionales. Respecto a la reacción que supone una pérdida, es particularmente famoso el modelo de Kübler-Ross o las cinco etapas del duelo, que consisten en negación, ira, negociación, depresión y aceptación

No obstante, cabe señalar que, pese a que el duelo es una manifestación normal, en tanto que éste adopta ciertas características y sintomatologías concretas, puede transformarse en lo que los/as profesionales de esta materia han denominado duelo patológico.

Los procesos de duelo se caracterizan por la manifestación, en las dimensiones individual y familiar, de una multiplicidad de síntomas heterogéneos y definidos, que permiten identificar tales situaciones y que conllevan una variedad de transformaciones.

Así, los síntomas individuales comprenden diversos cambios físicos como: trastornos en los patrones de la alimentación y el sueño, opresión y dificultad para respirar, fatiga y decaimiento, cambios emocionales (entumecimiento, confusión, tristeza, nostalgia, ira, temor y turbación, desasosiego y culpabilidad) y  conductuales (aislamiento o dependencia excesiva, explosiones y estallidos de hostilidad, intranquilidad, llanto y apatía).

Las manifestaciones familiares, por su parte, engloban una multiplicidad de transformaciones en las conductas de los miembros que se traducen en un incremento o una disminución sustancial en la comunicación, ya sea genérica o referida a aspectos concretos de la pérdida, así como uniones y rupturas entre algunos componentes de la familia, transformaciones en la estructura familiar que suponen confusiones en la jerarquía familiar y variaciones en los roles familiares, así como cambios en las relaciones extra-familiares que se exteriorizan en forma de aislamiento y abandono de las relaciones que teníamos antes y de sobreprotección o desatención de los miembros de la unidad familiar.

No obstante, cabe recalcar que, puesto que la elaboración del duelo constituye un proceso subjetivo y propio, durante la planificación de la intervención, es trascendental que consideremos el momento del ciclo vital en que la familia se halla inmersa, pues la confección de la pérdida se hallará matizada por él.

Respecto al proceso de intervención, existen dos niveles esenciales de actuación profesional que se concretan en lo que los autores han denominado asesoramiento y terapia de duelo y cuyos objetivos son divergentes.

Mientras que el asesoramiento persigue facilitar la ejecución de las tareas individuales y familiares que implican la elaboración del duelo, evitando que éste devenga patológico, la terapia ambiciona la resolución de estos duelos patológicos que imposibilitan la superación de la pérdida

En tanto que los/as trabajadores/as sociales intervenimos, en mayor medida, en el primero de los niveles expuestos, focalizaremos nuestra atención en las técnicas que se despliegan en él, atendiendo a las circunstancias y momentos diversos.

Así, los procedimientos esenciales comprenden la utilización de símbolos, tales como fotografías o recuerdos, durante las sesiones, la redacción de cartas o diarios  que permitan articular una narrativa propia y colectiva, la escenificación de situaciones temidas, el empleo de un lenguaje evocativo así como la realización de rituales que favorezcan la asunción de la pérdida.

Por eso considero necesario que el/la profesional posea un conjunto de conocimientos técnicos precisos y depurados en relación al duelo, que le faculten a comprender este proceso, y si ha pasado por una situación similar aún mejor ya que habrá elaborado sus propios duelos personales y familiares.

Fuente:

file:///C:/Users/Usuario/Searches/Downloads/Dialnet-TrabajoSocialFamiliarEIntervencionEnProcesosDeDuel-2002448.pdf

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3 pensamientos en “La intervención social en procesos de “Duelo”

  1. Personalmente, durante el 2014 me he enfrentado a la muerte de mis dos abuelos y destacaría que es necesario normalizar las emociones que sentimos en esos momentos, porque me he encontrado con que mucha gente, al verte llorar o simplemente triste, intentan animarte con frases como “no llores más”.
    Cuando he tenido que ayudar a alguien en estos casos mi respuesta ha sido “llora todo lo que necesites”, porque es completamente normal que durante unos días (especialmente los días de entierro, tanatorio, etc.) estemos mal, y pienso que no hace falta “huir” de esos sentimientos a toda costa, sino aceptarlos y dejar que lleven su curso.

  2. En el proceso de duelo es necesario conectarte con tus emociones en ese momento tan doloroso, vivirlas, tiene un efecto muy positivo. Es como el desinfectante que le ponemos a una herida , duele pero ayuda a sanar más rápido.

  3. Felicidades por el artículo, conocemos bastantes trabajadores/as sociales que se ocupan con especial interés de los procesos de pérdida de sus usuarios y lo hacen estupendamente. Es importante que éstos tengan una buena formación para poder sostener a las personas y para ofrecer un buen asesoramiento. Por desgracia, también sabemos que se han hecho cosas muy mal en el acompañamiento en el duelo. Si os apetece profundizar en el tema os dejo enlace a nuestra web especializada en duelo: http://artmemori.com/
    También aprovecho para decirle a Belén que tiene toda la razón, en la sociedad en general no sabemos como reaccionar ante alguien que ha perdido a un ser querido y creemos que ocultar el dolor y reprimir las emociones hace que se pase antes el duelo y en realidad es todo lo contrario. ¡Seguimos en contacto!

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