Los caminos de la “escucha”.

Escuchar es una de las habilidades más importantes que tenemos que dominar como personas y que nunca debería ser subestimada. De hecho, la escucha contribuye de manera fundamental para nuestro bienestar y para la calidad de nuestras relaciones convirtiéndola en algo esencial para el entendimiento mutuo. 

Aprender a escuchar profundamente puede llegar a ser un catalizador para el cambio. No obstante, escuchar es una de las habilidades más difíciles de dominar para muchas personas, pues se requiere un trabajo serio y continuado, sobre todo voluntad y empatía. ¿Cómo podríamos convertirnos en buenos oyentes?

comunicando

 

Pasamos la vida tratando de hacer que los demás nos entiendan, que nos hagan caso las personas de nuestro alrededor. En ocasiones conseguimos dejar de lado nuestro orgullo y ceder, pero otras veces nos encabezonamos de tal manera que “hacemos oídos sordos” a lo que nos dicen y entonces se llega al conflicto.

La llama que aviva un conflicto es, precisamente, esa ruptura en la comunicación y la incapacidad de las partes para entenderse. Un conflicto se convierte a veces en un “diálogo de sordos”, escuchándonos solo a nosotr@s sin tener idea de lo que habla la otra persona que está en frente nuestra luchando porque la oigamos.

La resolución de problemas comienza con el establecimiento de las condiciones que permitan una comunicación efectiva. No hay transformación de conflictos, hay más bien una resolución, a menos que haya un cambio en la dinámica de la comunicación. 

Escuchar con la mente abierta ordena pensamientos.

Seguro que más de una vez en nuestra vida, hemos experimentado la importancia de sentirse escuchados. Cuando alguien nos escucha, profunda y sinceramente, somos capaces de expresarnos y bajar nuestras defensas, es decir, nos quitamos nuestras máscaras o coraza para aliviar eso que tanto nos aturde.

Recuerdo un momento así en mi propia vida. Hace unos meses yo estaba pasando por un momento muy turbulento. Tenía tantas cosas que desahogar que mis emociones y pensamientos se vieron empañados por la confusión. Una tarde, decidí dar un paseo con una amiga. Mi amiga me escuchaba con un corazón sincero y con una mente abierta, libre de presunciones y juicios. Por tanto, yo era capaz de pronunciar lo que estaba pasando en el interior de mí misma y mientras hablaba, empecé a poner un poco de orden en mis pensamientos y emociones. 

Esas emociones se empezaron a  esclarecer y así, comenzó a surgir esa relación de ayuda que te permite escucharte a través de la otra persona. Así, volví a retomar mi viaje en el que estaba atascada y tuve la oportunidad de evolucionar porque había encontrado a alguien dispuesto a escucharme, y sigo disfrutando de mi propia evolución, impulsada por un deseo de crecimiento personal constante gracias al apoyo de personas que encuentro en mi vagón de tren que representa ese “viaje de vida”.

¿Cómo ser un buen oyente?

Algo que tengo muy claro es que la buena comunicación con los demás requiere, ante todo, una buena comunicación dentro de nosotros/as mismos/as. En otras palabras, para convertirse en buenos oyentes necesitamos primero oírnos, ser consciente de lo que pasa en nuestro interior; además de prestar atención, mostrar empatía, ser pacientes y generosos.

Nuestras experiencias anteriores, creencias, valores, supuestos, juicios y prejuicios influyen en la calidad de nuestra escucha. Cada vez que escuchamos algo evaluamos lo que estamos escuchando, y esto a su vez desencadena nuestras reacciones emocionales y nuestro juicio. Si escuchamos algo que contradice nuestros valores o nuestros ideales, tendemos a reaccionar con cierta defensiva la mayoría de las veces. Como consecuencia, nuestra capacidad para construir relaciones significativas, incluso con las personas que amamos, o nuestra capacidad para ser un catalizador del cambio y hacer una contribución positiva, se ve afectada negativamente.

Por lo tanto, al tomar conciencia de las barreras para conseguir una comunicación efectiva que se encontraba en lo profundo de nosotros/as mismos/as es un primer paso necesario para llegar a ser grandes oyentes. Tenemos que tomar conciencia de cómo nuestras experiencias de vida, nuestro género, nuestra condición social, nuestra educación , nuestra ideología , nuestros fracasos, nuestros miedos pueden afectar nuestra capacidad de escuchar atentamente a la otra parte.

Podemos concluir por tanto que, la escucha profunda es transformadora, pero la transformación comienza con el desarrollo de la conciencia de sí mismo, es decir, con la capacidad de escucharnos a nosotros/as mismos/as.

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