¿Qué se esconde detrás de una limosna?

Hoy he me he topado con una historia que me apetecía compartir con vosotr@s, la historia de Dobri Dobrev, un hombre que mendiga por las calles con una misión finalmente cumplida: pedir limosna para luego donarla a otras personas que él considera más necesitadas.

dobri-dobrev Olvidémonos un momento del ego, la avaricia, el egoísmo, los vicios y las necesidades básicas. Tratemos de pensar ahora en personas ajenas a nuestra familia, personas que sabemos que necesitan dinero y que no podemos ayudar en este momento porque apenas podemos cubrir nuestras gastos familiares. ¿Seríamos capaces de mendigar para ayudar a esas personas? 

Es el caso de Dobri Dobrev,  un anciano búlgaro de 98 años que perdió gran parte de su capacidad auditiva en la Segunda Guerra Mundial. Todos los días camina 25 kilómetros a pie desde su aldea hasta Sofía( Bulgaria) donde se pasa el día pidiendo limosna. Pero no fue hasta hace poco que se descubrió que él había donado hasta el último centavo tras recaudar, más de 40.000€, para destinarlos a orfanatos y otros servicios sociales y para la restauración de monasterios de su país, mientras él se mantiene, actualmente, con su pensión mensual de 80€ que le proporciona el Estado.

Y pensaréis: ¡pero si las iglesias y monasterios están forradas! Vale, olvidaros un momento de eso y pensad en la dureza y voluntad que supone seguir una meta tan solidaria como la de donar todo tu dinero a instituciones, orfanatos y demás organismos sin tú quedarte nada de dinero. ¿Crees que serías capaz?

Aún existen personas respetables que ven por los demás, con convicción religiosa o no religiosa, da igual cuando la intención es buena, pero nunca nos paramos a pensar que las limosnas de los mendigos que vemos transitando por las calles pueden ir destinadas a una causa tan noble como esta. Es más fácil pensar que lo gastarán en alcohol o en cualquier vicio que no toleramos cubrir con nuestro dinero.

Cada cual es libre de donar o no, pero los prejuicios y las falsas apariencias siempre están latentes. Tendemos siempre a buscar el lado negativo e interesado cuando hay dinero de por medio. Nos cuesta desprendernos de algo tan simple como un trozo de papel a color el cual lleva impreso una cantidad que domina el mundo, que crea injusticias y que provoca que cada vez seamos más egoístas con las personas.

Pienso que ahora mismo con 40.000€ podría desahogar a muchos miembros de mi familia (no puedo evitar pensarlo). La sociedad nos ha enseñado a pensar así, en primero nosotros y luego (si a caso) los demás. Y no somos ni peores ni mejores personas por pensar antes en los nuestros, es un sentimiento de pertenencia y protección que llevamos arraigados y  que nos lleva a actuar así. Por eso es que admiro a esas personas que van más allá de esa forma de pensar, se desprenden de sus pertenencias porque son más felices ayudando a otras personas.

Al fin y al cabo, ¡es un trozo de papel más! El valor que tiene existe gracias a nosotr@s, tenemos el poder de quitárselo cuando nos apetezca pero: ¿serías capaz?

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Fuente:

http://www.periodicocentral.mx/absurdos/mendigo-que-dono-40-mil-euros-a-la-caridad

 

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